Cuando alguien se va de nuestras vidas
el dolor parece no tener sosiego ni piedad en nuestro corazón,
el desaliento y la tristeza nos impide aceptar que se ha ido
e incluso llegamos a cuestionar nuestra fe y esperanza
Pero pasan los días, incluso años
y casi sin darnos cuenta,
volvemos a ver el sol
y volvemos a ver los colores
y a sentir el aire al respirar,
lo hemos comprendido
no estamos solos.
Y renace La Esperanza
Pero la Esperanza en primer lugar, siempre debió estar ahí
Cuando hace un mes
entré en la habitación donde se encontraba mi tío Jaime
pude ver la Esperanza

Él mismo que tomaba mis manos para que aprendiera a caminar cuando era niño
ahora me enseñaba nuevamente a caminar,
porque Quién en el lecho de su muerte te recibe con una sonrisa y
hace planes para el futuro retando a la naturaleza
solo alguien que comprendió que la vida es eso Mantener Viva la Esperanza.
Gracias Tío