Cuando era estudiante de la Universidad solía salir de la casa por la puerta posterior por ahí siempre te cruzas el jardín de mi tía Marthita, al comienzo era sólo un poco de pasto y una que otra planta alrededor, pero al pasar el tiempo sólo el cariño y dedicación y ese enorme amor a las plantas lograron recrear un pequeño paraíso, esos colores hicieron que me detenga luego de muchos años de pasar por ahí corriendo a clases y mi tentación más grande fue inmortalizar ese momento.
A cada paso un detalle nuevo aparece y de pronto su mayor recompensa deslumbra con su contraste apareciendo en medio del follaje como un triunfo de la naturaleza.
Sólo me queda decir gracias por enseñarme que en los detalles está la naturaleza de la felicidad.
